Después de perder la memoria, un desconocido afirmó ser mi prometido, pero no sospeché nada, hasta que la extraña reacción de mi perro me hizo dudar de él – Historia del día
Después un accidente que me cambió la vida, me desperté sin memoria y con un desconocido a mi lado, que decía ser mi prometido. No lo recordaba, pero confiaba en él, hasta que el extraño comportamiento de mi perro me hizo cuestionármelo todo. ¿Era este hombre realmente quien decía ser, o alguien totalmente distinto?
Nunca piensas que te va a ocurrir algo terrible. Era una tarde cualquiera. Me dirigía a casa después de salir con un amigo, escuchando música, cantando, sintiéndome feliz.
Pero en un momento todo cambió. Un automóvil dobló una esquina a toda velocidad y chocó contra mí. El choque fue lo último que recordé.Me desperté en el hospital y los médicos me dijeron que había estado en coma durante una semana y media. Dijeron que tenía suerte de no haber acabado inválida después de semejante accidente. Pero no me sentía afortunada.
Tenía amnesia parcial. Recordaba a mi familia, a mis amigos más íntimos, a mi perro.

Pero lo más importante era que no me acordaba de él. El hombre que, según los médicos, había permanecido a mi lado todos los días que estuve en coma.

El hombre que vi cuando me desperté. El hombre que dijo que era mi prometido. Derek, ése era su nombre. Lo miré y no vi más que a un desconocido.
“¿Por qué no me recuerda? Se acuerda de su familia, de sus amigos, ¿por qué no de mí?”, preguntó Derek al médico.
“Con la amnesia parcial, esto ocurre a veces. El paciente pierde sólo una parte de sus recuerdos”, explicó el médico.

“Llevamos juntos casi un año y medio. Estamos comprometidos. Estábamos planeando la boda. ¿Qué se supone que debo hacer ahora?”, preguntó Derek.
“Puedes hablarle de su relación, mostrarle fotos, quizá eso la ayude a recuperar la memoria”, sugirió el médico.
“¿Quizá? ¿Y si no funciona?”, preguntó Derek.

“Ya se enamoró de ti una vez, quizá vuelva a hacerlo”, dijo el médico antes de salir de la habitación.
Después de aquella conversación, Derek nunca venía con las manos vacías. Me traía nuestras fotos, los regalos que me había hecho, y me contaba historias de cómo nos conocimos, nuestras citas, cómo nos fuimos a vivir juntos. Pero…
“Lo siento, pero no recuerdo nada de esto”, le dije.